Propiocepción

En la última entrada hablé del esguince de tobillo, y hoy toca hablar de una parte que es a la vez su prevención y parte de su tratamiento. No estoy hablando de otra cosa que la propiocepción. La gente que se ha lesionado más de una vez sea el tobillo, hombro, rodilla.. seguro que sabe de lo que hablo pero para los que no, vamos a ver que es, en que consiste y unos ejemplos de ejercicios.

Qué es la propiocepción?

La propiocepción hace referencia a la capacidad del cuerpo de detectar el movimiento y posición de las articulaciones, así como el estado de los músculos (diferentes grados de tensión y relajación.).

Existen distintos receptores en músculos, articulaciones y ligamentos que reciben el nombre genérico de propioceptores, puesto que son los encargados de recibir la información propioceptiva, y comunicar el estado y posición en que se encuentra una articulación. Estos propioceptores son el huso muscular, órganos tendinosos de Golgi, receptores de la cápsula y ligamentos de la articulación y receptores de la piel.

El sistema propioceptivo tiene una gran importancia en la vida cotidiana. Si cerramos los ojos y alguien nos coloca nuestra pierna o nuestro brazo en una posición determinada (flexionado, extendido, girado…), sin abrir los ojos sabemos perfectamente cómo está esa extremidad. Esto es debido a que todos los componentes del sistema propioceptivo están enviando información sobre grado de estiramiento de los músculos, sensaciones transmitidas por la piel, sensaciones de la articulación… y esto permite que, en todo momento, nuestro organismo sepa exactamente lo que estamos haciendo. Esto es importante para todos los gestos cotidianos: medir la distancia para subir unos escalones, correr para coger el autobús, recuperar el equilibrio tras sufrir un traspiés…

 Si es importante en estos pequeños gestos, todavía lo es más en una actividad más intensa, como pueda ser lapráctica deportiva. Un deportista tiene que tener un entrenamiento propioceptivo muy intenso para que su cuerpo sea capaz de reaccionar con precisión e inmediatez a las exigencias estresantes de la competición: ajustar la fuerza para un revés de tenis, calcular la distancia de salto y disparo en baloncesto o balonmano, medir las zancadas para un salto de altura o longitud… Los deportistas realizan una intensa recuperación de la propiocepción después de haber sufrido una lesión.

Futbolistas haciendo trabajo de propiocepción para el tobillo.

Esta propiocepción se suele ver comprometida cuando hay alguna lesión ya que los propioceptores se pierden al destruirse las conexiones entre los distintos receptores y la médula, encargada de recibir el estímulo y enviarlo al cerebro para que lo procese. Para recuperar esos propioceptores lo que tenemos que hacer es reproducir el movimiento que queremos recuperar, de forma controlada y progresiva, para enviar información al cerebro sobre que es lo que queremos conseguir. Esta parte de la recuperación suele infravalorarse ya que la fuerza y el dolor suelen estar casi completamente recuperados cuando se alcanza el momento de entrenar la propiocepción.

Aquí tres vídeos para ver los distintos niveles de propiocepción:

Fuentes:

Tufisio

Fisioenap

 

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